¿Hambre emocional o hambre de verdad? Aprende a reconocer la diferencia
¿Acabas de comer y ya estás pensando en picar algo?
Quizá llegas a casa después de un día complicado y, aunque has cenado hace poco, necesitas abrir el armario.
No tienes realmente hambre.
Pero quieres chocolate.
O galletas.
O cualquier cosa que te ayude a desconectar un rato.
Y después aparece el pensamiento:
“Otra vez lo he hecho mal.”
Aquí es donde quiero que cambiemos la forma de verlo.
Comer cuando estamos nerviosos, cansados, aburridos o tristes no significa que tengas poca fuerza de voluntad.
A veces la comida está intentando resolver una necesidad que no es hambre.
¿Cómo saber si es hambre física o emocional?
El hambre física suele aparecer poco a poco.
Empiezas a notar hambre, pasan las horas y cualquier comida puede apetecerte.
En cambio, el hambre emocional suele aparecer de repente.
Hay una necesidad muy concreta:
“Necesito chocolate.”
“Quiero algo dulce.”
“Tengo que comer algo.”
Y muchas veces aparece aunque hayas comido hace poco.
Además, suele ir acompañada de emociones: estrés, enfado, cansancio, tristeza, aburrimiento o simplemente la necesidad de desconectar.
Pero cuidado: comer por placer también es normal
No necesitamos analizar cada bocado.
Comer porque te apetece algo rico no es un problema.
El problema aparece cuando la comida se convierte prácticamente en nuestra única herramienta para regular cómo nos sentimos.
Si cada vez que tienes un mal día necesitas comer para encontrarte mejor, merece la pena parar y observar qué está pasando.
Antes de picar, hazte estas tres preguntas
No para prohibirte comer.
Solo para escucharte.
1. ¿Tengo hambre física?
¿Podría comerme una comida normal?
2. ¿Qué estoy sintiendo ahora mismo?
¿Cansancio? ¿Estrés? ¿Aburrimiento? ¿Enfado?
3. ¿Qué necesito realmente?
Quizá necesitas descansar.
Salir a caminar.
Ducharte.
Hablar con alguien.
Desconectar del móvil.
O simplemente darte permiso para tener un mal día.
A veces la solución no está en la nevera.
El error de intentar solucionarlo haciendo una dieta más estricta
Esta es una de las trampas más habituales.
Comes por ansiedad → te sientes culpable → decides restringir más → pasas hambre → vuelves a comer con ansiedad → te sientes culpable otra vez.
Y empieza de nuevo.
Por eso, trabajar la relación con la comida no consiste únicamente en aprender qué alimentos comer.
También consiste en entender por qué comes cuando comes.
Un pequeño ejercicio para esta semana
Durante siete días, cuando tengas ganas de picar entre comidas, no intentes evitarlo.
Simplemente apunta:
Hora + qué te apetece + qué estabas sintiendo.
No necesitas escribir un diario entero.
Después de varios días quizá descubras algo interesante:
Que siempre ocurre al llegar del trabajo.
O después de acostar a los niños.
O cuando estás sola.
O cuando has tenido un día especialmente estresante.
Ahí empieza realmente el trabajo.
Porque ya no estás luchando contra la comida.
Estás intentando entenderte.
La alimentación también tiene una parte emocional
Y esta es precisamente una de las áreas que trabajo desde la psiconutrición.
Porque a veces no necesitamos otra dieta.
Necesitamos dejar de vivir en guerra con la comida.
Comer no debería convertirse en un examen que tienes que aprobar cada día.
¿Sientes que comes por ansiedad, aburrimiento o estrés y después aparece la culpa?
En consulta podemos trabajar no solo qué comes, sino también qué relación tienes con la comida y qué hay detrás de determinados momentos de ingesta.
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